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Sobre Mí

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El Talleruco nace hace 14 años de las manos, la cabeza y sobre todo del corazón de Ángela, hija de la tierruca de 37 años, artista y desastre desde siempre y a partes iguales.

Soy un desastre, lo reconozco.

Un caos con patas. Así soy yo, y esa es la respuesta que se me ocurre cuando me preguntan: pero, ¿por qué te gusta tanto trabajar con la arcilla polimérica?, por eso, porque soy un desastre. Porque cuando empecé con éste material y lo saqué por primera vez del horno me transformé con el:
De ser blandito y pegajoso pasa a ser duro y resistente.
Era una maravilla, aparte de permitirme jugar con mil colores y técnicas lo mejor es que pasaba por alto todos mis descuidos:
«¡ups! se me olvidó quitarme el anillo para fregar, ¡ups! si no me he quitado el collar
para bañarme en la playa… ¡Ángelaaaa! ¿qué hace ésto en la lavadora?»…

Y como si nada, conservo esas piezas igual que el primer día, y si ya no me las pongo es porque son feas, muy feas y muy mal hechas… por algo había que empezar. Catorce años tienen, ¿lo puedes creer?

Tenía claro que un material así había sido creado para batallas desastrosas como las mías, pero no, no es por eso por lo que me fascina, es porque cuando la trabajo me transformo como la arcilla en el horno; me vuelvo paciente, delicada y detallista. Cada detalle es importante para mi, no dejo nada al azar, me empeño en materializar de la mejor forma posible todas esas formas y colores que tengo en la cabeza y me vuelvo constante.

Y disfruto mucho.

Disfruto de la textura, de la belleza y del color.
Disfruto de esos momentos en los que dejo de ser un desastre y doy lo mejor de mi, y es que, cuando algo te apasiona de verdad no hay desastres, no hay cosas mal hechas, sólo sientes, te emocionas tanto con una idea que el estómago se encoge y vas adelante con todo, pierdes la noción del tiempo y del espacio, y el orden (o el desorden) dejan de ser un problema…

Me enamoro de una idea, me emociono con cada proyecto que surge, aprendo y disfruto codo con codo con mis clientes, que en muchas ocasiones acaban
siendo amigos.

Desde el Talleruco lucho por lo artesano, por retomar el valor local, creativo y humano de lo que tenemos y de lo que somos.

Mi proceso de trabajo es lento, delicado, único y muy personal, por eso
tiene alma, tiene nuestra alma: de mis manos a las tuyas…

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